miércoles, 19 de junio de 2013

    Consigna: renacer. A un personaje algo le cambia la vida. 
 Una sonrisa al aire                                                             

Francesco di Bartolomeo del Giocondo llevaba nueve años insistiendo a su pasmada esposa en que se dejara retratar por uno de los mejores artistas del momento. El negocio de telas funcionaba como la seda, vivían en la ciudad más importante del mundo, eran felices y no quería que pasara como con su primera mujer, que falleció prematuramente antes de poder ser retratada. Francesco y Lisa tenían cuatro hijos y esperaban un quinto, noticia que colmó de alegría el hogar y de paciencia al marido, mecenas contumaz, que acordó una cita con el extravagante Leonardo.

Lisa era aburrida y la maternidad le servía de excusa para aislarse en su casa y huir de la vida social que tanto cultivaba Francesco, aunque sólo fuera para hacer nuevos clientes y mantener los existentes. Tenían servicio, pero la joven esposa dedicaba buena parte de su tiempo a la supervisión de las tareas del hogar y a observar el paisaje toscano desde la planta superior de su casa. Cuando su marido llegaba del trabajo empezaba la mejor parte del día para ella, pues a pesar de la considerable diferencia de edad, le amaba profundamente. No obstante, era parca demostrando afectos.

La joven Lisa, tras agotar todas las excusas posibles, se acercó al estudio de Leonardo Da Vinci. Había oído que el artista estaba soltero, que era un tanto bohemio (stricto senso, zascandil y manirroto), pero que su inteligencia parecía tocada por un don divino y cuando sus dedos se unían al pincel, una milagrosa sinfonía de perfección llenaba sus lienzos.

El estudio del artista estaba hecho una calamidad. Las hojas de papel proliferaban por doquier, todas ellas con esbozos de los más variopintos inventos (espirales y pájaros metálicos) y los ventanales, abiertos de par en par dejaban paso a un tímido sol primaveral, iluminaban la estancia con una luz difuminada y dejaban entrever las pequeñitas máculas de polvo que flotaban por el aire. Docenas de cuadros se amontonaban en el suelo.
 
Leonardo había preparado el lienzo y estaba acabando de preparar la paleta. Mientras tanto, Lisa tomó asiento y posó de forma sosa, pues había hecho de la insipidez la piedra angular de su modus vivendi. Leonardo sabía que aquella obra iba a ser muy aburrida, pero andaba fatal de recursos económicos, y no tuvo más remedio que aceptar el encargo del comerciante de telas, sabiendo de antemano que aquella obra permanecería siempre en el hogar Giocondo, claro, porque ¿quién querría deleitarse viendo un cuadro de una mujer tan sosa? Para acabar antes, no se entretendría en pintar un paisaje minuciosamente, sino que haría algo borroso y se inventaría una nueva técnica llamada sfumatto.

Durante días, la joven se acercaba a regañadientes al estudio desvencijado para avanzar en la creación y ofrecer unos florines al artista. A pesar de las ocurrencias del pintor y de su indiscutible talento, a la muchacha se le empezaba a hacer fastidioso tantas horas de posado. Hasta que un día, pasó algo que cambió la forma de vivir aquellos encuentros pictóricos: a Leonardo se le cayó un pincel y al agacharse a recogerlo se le bajó el pantalón, dejando al descubierto «la hucha». Lisa, que había crecido entre oropeles, abrió los ojos para corroborar que le estaba viendo la rajita del culito al artista, y en ese momento, al pobre Leonardo se le escapó un pedete sonoro, aunque, por suerte, no pestilente.

Lisa no pudo reprimir la risa. No sólo aquel día, sino los siguientes. Su esposo le preguntaba qué le hacía estar tan risueña pero ella, ruborizada, no se atrevía a compartir con nadie la escena que había presenciado. Leonardo da Vinci tuvo que modificar la expresión de la modelo, porque de pronto había empezado a sonreír, y a veces no podía contenerse y colocaba las manos sujetándose el abdomen, que le dolía de tanto aguantar la risa. Toda Florencia hablaba de la Gioconda, incluso algunos decían que la habían hechizado, que ni siquiera en misa podía parar de reír. Su nueva condición risueña contradecía los cánones convencionales del saber estar. No obstante, su hogar era mucho más divertido y su risa iba contagiando a todo aquél que coincidía a su paso. Había protagonizado situaciones un tanto bochornosas, pero en general, fue mucho más aceptada y requerida a su pesar en los círculos aristocráticos y burgueses.


Entre algazaras fue envejeciendo y sólo la penosa muerte de su marido logró aplacar la risa. Acabó sus días en un convento donde dicen que, de vez en cuando, cuando jugaba con sus nietos, se le escapaba una risilla que Francesco compartía desde arriba. 

miércoles, 12 de junio de 2013


Je me’n fous des controleurs                                                 

 


Bruno frisaba la cincuentena y era enólogo, graciosillo y guapetón. A pesar de lo mucho que tenía que viajar, disfrutaba de su trabajo como pocas personas en el mundo tienen el privilegio. Pero aún había algo que le gustaba más: jugar a seducir señoras. Y no era un crápula, ¡al contrario! No era nada libertino: adoraba a su mujer y por nada del mundo habría puesto en peligro la unidad familiar que durante dos décadas había cultivado. Simplemente, le gustaba sentirse deseado.

Como había estudiado y trabajado en Borgoña y hablaba muy bien francés, sentía especial placer cuando tenía que viajar a Francia a presentar sus cavas. Aquel día, Bruno fue a París y salió por la puerta grande de las casas de los clientes y de las clientas talluditas, que se turnaban para fotografiarse con él. No era fácil vender cava a los franceses, pero él lo había conseguido y se sentía inmensamente satisfecho de ello.

Tan ufano se sentía que compartía su sentimiento con sus colegas a tiempo real a través de un grupo de WhatsApp gestado para intercambiar información y que se había convertido en hub de humor. La decisión de eliminar la paga extra de verano tomada por la empresa tan sólo había empañado tenuemente la satisfacción del trabajo bien hecho. Como de costumbre.

Finalizó la jornada laboral y se dirigió al aeropuerto Charles de Gaulle, aquel que su amigo Diego definía como el peor aeropuerto del mundo. Y sí que lo era. Reinaba el caos a causa de una huelga de controladores aéreos. Su vuelo venía demorado, «bonito color», bromeó al principio. Encendió el ordenador y se dispuso a trabajar, al menos sacaría correos, pero cuando llevaba cuatro horas esperando la salida de su vuelo, se empezó a desesperar y a compartir su irritación con sus colegas. Éstos, lejos de conmoverse, empezaron a bromear con su incidente a través del WhatsApp.

¡Demonios! Colgado en París y al día siguiente tenía una cata con un accionista de su empresa. ¡No podía faltar, venía expresamente a catar sus cavas! Como los colegas no se solidarizaban con él, decidió agremiarse con otros pasajeros frustrados. Y fue así como conoció a Abel, un joven guapísimo con llamativas rastas; Chema, un físico nuclear y Begoña, una comercial de aerogeneradores. Aunaron sus quejas en vano, pues el vuelo a Barcelona fue cancelado, después de más de cinco horas esperando y pensaron el volver en TGV.

¡Por fin! Una de sus compañeras lo estaba llamando. Menos mal que hay alguien sensible. Le recomendó que, efectivamente, volviera en tren. Pero finalmente, junto con los tres compañeros de quejas y denuestos, decidieron alquilar un coche y regresar conduciendo durante la madrugada.  

Al tomar aquella decisión, llamó a su jefe, australiano, empático e imprevisible, para informarle y éste le dijo que adelante, y que si el coche de alquiler no podía ser devuelto en un país extranjero, entonces él iría a Perpignan a buscarlo. Pero no fue necesario porque aquella compañía permitía aquel servicio. Nada más colgar, volvió a llamar la compañera de antes, la secretaria del jefe que tenía malas pulgas, pero era buena persona, y le propuso otra opción: ir en tren hasta Bruselas dormir allí y volver en el primer vuelo del día siguiente. ¡A buenas horas! El conflicto estaba resuelto.

El viaje le producía una pereza terrible, porque lo que quería era llegar a su casa, pero se lo tomó con resignación. No así Begoña, que interpretó que las gracias que le profería Bruno respondían a un deseo todavía reprimido e imaginó un trayecto con final feliz. Durante el viaje rió una a una las docenas de ocurrencias de Bruno y él no cabía en sí mismo al ver lo gracioso que era.

Abel vivía en Gracia, Chema en Terrassa y Begoña, al igual que Bruno, había dejado su coche en el parking del aeropuerto. Bruno, galante, dejó a los chicos en sus domicilios y al salir del coche después del largo y nocturno viaje, Begoña le dio su tarjeta de visita a Bruno. Él hizo lo propio con la suya y abrazó a la chica aliviado al haber llegado bien a Barcelona. Begoña interpretó el abrazo como una proposición y Bruno, tan halagado como ruborizado, tuvo que esquivar un beso en los labios, pues la chica iba lanzada.

Al día siguiente, después de una pernocta de apenas dos horas, encendió el móvil y leyó el mensaje que le había enviado su compañera de viaje: «Anoche soñé con verte desnudo para perder la cabeza».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 29 de mayo de 2013


Un cuento desde el futuro (relato basado en una noticia) 

El aborto sube un 5% en un año de crisis

118.359 mujeres interrumpieron su embarazo en 2011, primero con ley de plazos

Se dispara entre las mayores de 30

Los expertos apuntan a factores socioeconómicos

·                                 El Gobierno sostiene que un hijo indeseado no daña a la mujer
·                                 La modificación de la ley del aborto aleja a España de Europa
·                                 Pocas intervenciones por anomalías fetales muy graves

El hospital de Bellvitge hace años que está en desuso. Los recortes aplicados en Sanidad entre 2011 y 2020 impidieron la viabilidad de aquel hospital que saluda, tímidamente, a los domingueros que llegan de la playa, a los turistas que aterrizan en la T1 y a los vecinos de aquel barrio deprimido. En 2020 fue privatizado y cedido a un nieto de Jordi Pujol y tras una horrenda gestión, cerró sus puertas en 2026. El edificio, aparentemente abandonado, anida una función que pocos saben.

Allí viven cientos de miles de angelitos y van llegando en tropel. A algunos no les dejaron nacer porque sus madres, que interpretaron que el aborto era un método anticonceptivo, decidieron que era mejor evitar que sus futuros hijos se pudieran convertir en personas de bien. Otros, simplemente, abandonaron su materia humana y se esfumaron, dejando un profundo desconsuelo en sus progenitoras, que les recuerdan todos los días de sus vidas.

En el hospital de Bellvitge estos ángeles se sienten libres, se arropan entre ellos y han convertido el inhóspito lugar en un paraíso clandestino, una torre de babel multirracial e invisible a los ojos de los seres nacidos. La mayoría presentan forma humana, otros son seres deformes, no por ello menos individuos. No obstante, todos se perciben y se quieren y es, de hecho, el amor que se profesan el que los mantiene vivos y no necesitan otro alimento más que ése, al ser su naturaleza prácticamente etérea.

A veces salen del hospital y observan a sus madres. Algunos ángeles no comprenden cómo puede ser que sus progenitoras no se acuerden de ellos y se preguntan cuál fue el verdadero motivo por el que no los quisieron tener. Al fin y al cabo tampoco habían prosperado tanto y las que sí, ¿realmente su nacimiento habría truncado tanto su vida? Otros ángeles sufren cuando sorprenden a sus madres acercándose al pecho una ecografía de algo que no pudo crecer y que ellas no ven, pero que está allí regalándoles un abrazo inasible.


Los ángeles no pueden reproducirse y algún día desaparecerá el edificio malogrado. ¿Adónde irán las almas privadas de vida? Tal vez, y sólo tal vez, al mismo lugar que van los amores truncados, las palabras de amor calladas y las caricias reprimidas. 

lunes, 27 de mayo de 2013


La primavera ha venido…  y dos Frizzantes ha traído



¿Qué es el vino frizzante? El término italiano frizzante significa burbujeante y no se aplica únicamente al vino, sino también para describir personas con caracteres frescos, joviales y enérgicos. El vino de aguja, sin llegar a tener el nivel de gas que tiene el cava o cualquier otro vino espumoso, presenta una burbuja perceptible en la degustación que le da una personalidad diferenciada.

He aquí dos nuevos productos que ayudarán a entender este concepto, si aún no lo conocemos.

 

Verdejo Frizz 5,5

 

¿Sabías que el Verdejo está de moda? ¡Lo está! Es la variedad propia de la Denominación de Origen que más ha crecido en España en los últimos dos años (26,7%), Rueda, y no es de extrañar, al tratarse de una variedad con una extraordinaria frescura.

Entre los diversos tipos de consumidor que coexisten actualmente en el mercado, el que va ganando terreno sobre los demás es al que le gusta seguir las tendencias y probar vinos diferentes, dejarse seducir por nuevos productos y presentaciones atractivas y sorprender a sus amigos con sus últimos descubrimientos. Este consumidor, llamado trendy, junto con el consumidor social, que bebe vino cuando está con sus amigos, compran casi el 40% del vino consumido en España. Éstos son nuestros clientes target, aunque seguro que más de un cliente con otro perfil se sentirá atraído por el Verdejo Frizz cuya intensidad aromática es asombrosa y el carbónico natural le aporta ese toque ligero y goloso que hace que sea tan versátil.

De entrada, deberíamos aclarar que debido a su baja graduación (5,5) no puede ser considerado un vino, sino mosto parcialmente fermentado y, por tanto, no está acogido a ninguna Denominación de Origen. Al Verdejo Frizz lo embotellamos en una bodega familiar de Zamora bajo la atenta supervisión de su maestro creador: Jorge Bombín.

La fermentación alcohólica se detiene mediante frío cuando se alcanzan los 5,5 y los azúcares que no han fermentado son los que aportan el sabor dulce del Verdejo Frizz. El mosto se embotella después de los procesos finales de clarificación, estabilización por frío y filtración, conservando intacto el carbónico natural de la fermentación.

El continente es como su contenido: refinado, elegante y difícil de olvidar. El carbónico natural le aporta calidad, pues el gasificado pierde burbuja con el tiempo y no garantiza que el producto sea regular en todas las botellas. El equilibrio entre los aromas varietales, la acidez y el dulzor es impresionante. ¡No te lo pierdas!

El tapón con bozal y chapa indica su naturaleza burbujeante y las flores serigrafiadas, los frescos aromas florales y frutales de este producto.

Su color es amarillo muy pálido y presenta una burbuja fina y continua. En nariz sobresalen aromas a manzana y cítricos. En boca es goloso y mientras un toque de acidez y el amargor final le aportan viveza, su carbónico lo hace muy refrescante.

Es recomendable para tomar en aperitivos, apropiado para acompañar platos poco condimentados e ideal para iniciar en el mundo del vino a personas a las que todavía nos les gusta este maravilloso resultado de la fermentación de las uvas. ¡Ah! Y para dietas hipocalóricas.

 

 

 

Bach Frizzante Moscato  

¿Sabías que el Moscato también está de moda? ¡Pues también lo está! Tanto en Europa como en Estados Unidos, esta variedad está arrasando. Ninguna marca líder se había lanzado al mercado con un monovarietal de Moscato en España y… ¡ahí llegó Bach! Los clientes de esta marca son un público fiel que pude ampliar sus opciones de consumo gracias a este vino. Merecen un buen producto, como Bach Moscato: Fino, de aguja, con riqueza aromática característica de esta variedad y una presentación que no pasa desapercibida en el lineal. ¡Es el príncipe azul de los Moscatos!

Esta variedad tiene una personalidad arrolladora y da vida a unos vinos generalmente dulzones, aromáticos, frutales y muy refrescantes. Si a ese perfil de vino le añadimos las burbujas propias del vino de aguja, obtenemos un producto que se distingue de los demás por ser mucho más fresco y menos dulce, además de ofrecer aromas florales y cítricos. Además, su presentación se condice en la elegancia de su sencillez con su alma creadora, Mª Carmen de Francisco.

Este vino está acogido a la Denominación de Origen Catalunya. Tiene un grado alcohólico mínimo (11), graduación más alta que la mayoría de los Moscatos del mercado.

El carbónico natural le aporta calidad, pues el gasificado pierde burbuja con el tiempo y no garantiza que el producto sea regular en todas las botellas, al igual que el Verdejo Frizz.

Su color es amarillo muy pálido con reflejos verdosos y ligera aguja. En nariz los intensos aromas son florales (rosa, flor de azahar) y cítricos (lima, bergamota). En boca resulta fresco, cremoso e intenso, con un agradable fondo floral propio de la variedad que persiste en boca.

Es muy apropiado para acompañar marisco, arroces, pescadito frito, sushi y todo tipo de tapeo. ¿Puedes esperar a probarlo?

miércoles, 22 de mayo de 2013


Continuación de la historia del retrato de Hopper desde el punto de vista de Ray, el camarero 

I’m in love again                                                                                  

Hay días que me siento Ray y días que me siento Raimundo. Y días, como hoy, que empiezo sintiéndome Ray y acabo sintiéndome Raimundo.

Llevo casi cuarenta años en Estados Unidos y he vivido la ley seca, el crack del 29, la segunda guerra mundial y siete presidentes. Canto boleros como los ángeles mulatos, toco la trompeta mejor que Louis Armstrong, nunca olvido una cara y no hay mujer que se me resista, a pesar de que hace años que peino canas. Y, además, soy cubano.

Calé a Brenda desde que puso un pie en el bar. Esta chica tiene unas carencias afectivas sobrehumanas y el listo de Joe lo sabe y se aprovecha. ¡El listo de Joe! Lo veía engatusar a la policía en los clubs de jazz de los años veinte, les ofrecía una comisión de los pingües beneficios que le generaba la venta clandestina de whisky y así empezó a amasar su fortuna. Otra cosa no, pero de embaucar sabe un rato. Sabe cómo tener a Brenda a sus pies, le promete el oro y el moro y luego se va y vuelve cuando quiere y ella, al día siguiente de su cita vuelve a este bar donde inicia su despedida con este mafioso sin escrúpulos, tal vez en un intento frustrado de mantener viva las sensaciones de falso amor. Y lo peor es que él siempre vuelve.

No obstante, hoy quien me ha tenido en vilo ha sido este detective. Ayer me dejó mosca, tan aparentemente metido en su mundo, pero que volviera hoy… es muy sospechoso. Brenda está en un lado de la barra y el detective en la otra, pero no en el lugar de ayer, sino en un extremo, desde donde tiene total visibilidad. Puedo oler su Colt en el bolsillo interior de su americana y por la manera en que mira a Brenda, sé que la mujer del mafioso le ha dado un buen fajo de dólares para que liquide a la pobre muchacha. Si ella se siente sola, este pendejo es el epítome de la soledad.

Ray haría ver que escucha la radio desvencijada, pero Raimundo tiene que hacer algo. No puede ser, este tío no puede acabar con la vida de una desgraciada como Brenda. En la radio suena I’m in love again, de Cole Porter y a la chica se le humedecen los ojos mientras remueve el café que apenas ha probado, seguro que esta canción le recuerda a algún momento de amor con el sátiro ése. Y a mí se me van los pies. No puedo quedarme quieto y mientras mis manos secan las tazas, mis pies me trasladan a mis años de gloria y mi cuerpo se deja llevar por el ritmo de aquella canción que se ha expandido por el país como una epidemia.

Me acerco al detective y le cuento una historia que pasó en Las Vegas en 1923. Un sicario se estaba afeitando una mañana cuando el espejo le devolvió la mirada más triste que se recordaba. No era casualidad, la espiral de homicidios en la que había entrado empezaba a dejarle huella. Aquel día debía matar a una mujer adúltera por encargo de su celoso marido. Había estudiado todos sus movimientos y sabía cuál era el momento óptimo para hacerlo. Sin embargo, al acercarse a ella vio la mirada que le había mostrado su espejo aquella mañana y pensó que la vida iba a ser mucho mejor con aquella mujer a su lado. Acabaron juntos y la vida mejoró sustancialmente porque nunca más se sintieron solos.

Ahí acabé la historia. Apretó los labios en un gesto de reflexión y miró a la joven Brenda, que dejaba unos céntimos y más de la mitad de la taza de café. Antes de que saliera del bar la señalé con el mentón mientras miré a los ojos tristes de aquel detective, sugiriéndole con ese gesto que no dejara escapar a la joven.

—Ve a buscarla, pendejo —le dije.

¡Demonios! Creo que me gusta más cuando soy Raimundo, el cubano. Inventando historias soy casi tan bueno como tocando la trompeta.

lunes, 20 de mayo de 2013


Ten’s

Al barrio del Born le pasa como a Nueva York: Nunca duerme y tiene un Flatiron building.


Nos acercamos a Ten’s, el restaurante de tapas de autor de Jordi Cruz, el de Master Chef.











Foie gras con manzana confitada, migas dulces y saladas con helado de pimienta Sechwan (este plato fue decepcionante)


Patatas bravas con alioli espumoso y sofrito picante (buenas).


Cono de feria con pescadito frito al polvo de picada (el mejor plato).


Rape frito, alcachofas, limón y aceitunas negras (muy rico).


Texturas de chocolate y toffee.


Coco, limón y manzana ácida.


Total: 50 € (25€ por persona).

El personal, correcto sin desplegar excesiva amabilidad. El público: muy civilizado. Comentamos al salir que había sido muy agradable cenar en un volumen tan suave.

El local es moderno, estiloso y acogedor a la vez.

¡Recomendable!


Museo de las carrozas fúnebres 

La noche de los museos es una fabulosa iniciativa para incentivar visitas a los múltiples y variados museos de nuestra ciudad. Todos  los años procuramos ir a uno: el Arqueólogo, el MNAC, el Picasso… y el recién estrenado Museo de las Carrozas fúnebres.

¿Parece macabro? No lo es. La muerte es una parte de la vida. ¿Verdad que nos acercamos a conocer monumentos como Stonehenge, la Naveta des Tudons o los sarcófagos egipcios del British Museum? Los ritos funerarios han existido desde la Prehistoria y son parte de nuestra cultura. Las carrozas fúnebres también forman parte de nuestra cultura.

Allí se recoge una colección de trece carrozas y seis coches de respeto, que transportaban a los familiares del difunto. Esta colección se inició en 1970 y estaba almacenada, de forma privada, en los sótanos del tanatorio de Sancho de Ávila, hasta que se decidió exponer al público este patrimonio.

En la visita guiada nos explicaron varias curiosidades sobre los ritos funerarios a partir del siglo XIX en Barcelona. Hasta entonces, los cadáveres se  enterraban junto a las parroquias donde se celebraba el funeral. Esta costumbre permitía tener a los difuntos familiares cerca y también cerca de la casa de Dios para que las almas de éstos permanecieran protegidas. No obstante, la mortalidad era muy frecuente porque la esperanza de vida era de unos cincuenta años y la mortalidad infantil era de un 50% aproximadamente, excepto en las clases más favorecidas que era de un 30%. El hecho de levantar la tierra y remover los últimos cadáveres enterrados levantaba gases que eran muy tóxicos y ocasionaban muchas epidemias, por lo tanto, un alcalde de Barcelona mandó construir un cementerio alejado de la ciudad. Ello generó un malestar terrible entre la población, por la distancia que les separaba de sus difuntos. Pero este cementerio fue devastado por las tropas napoleónicas y posteriormente se edificó el de Poble Nou, siguiendo el modelo italiano de XX.

Este modelo, de nichos, mostraba a todos iguales. Posteriormente se hizo una ampliación para colocar panteones para las familias más adineradas.

El cementerio de Poble Nou estaba a un kilómetro y medio de lo que era entonces Barcelona, y esa distancia que los separaba  estaba cubierta de descampados y campos, con lo que el cementerio estaba muy aislado. Existía la figura de los portadores de féretros: cuatro personas que ayudados de dos barras, llevaban el féretro hasta el cementerio. El camino era peligroso porque se producían robos y el alcalde decretó que los difuntos debían ser transportados en lo sucesivo en coches de caballos. Esto también creó descontento, porque los difuntos eran trasladados por animales en lugar de personas, no obstante, se convirtió en obligatorio. Ése fue el origen de las carrozas funerarias.

Las había de muchos tipos para todos los bolsillos. El funeral de una persona también era una demostración de estatus.

La familia Estrada, que tenían el taller de carrozas al lado de la Casa de la Caridad, que a su vez estaba ubicada junto al actual MACBA, se encargaron de construir la mayoría de carrozas que vemos hoy.

 


Carroza Estufa:
Esta carroza de estilo vienés podía ir tirada por cuatro o por ocho caballos. Se llama así porque el féretro iba protegido por cristales, que le resguardaban del frío y permitían ver la caja. Los cristales eran un material carísimo, de manera que esta carroza era un símbolo de riqueza. Se utilizó para el funeral de Santiago Rusiñol, Enric Prat de la Riba y el Conde Godó, entre otros prohombres de la Barcelona de principios del siglo XX



Carroza Grand Doumont:
Es de estilo barroco y está inspirada de una de origen francés del duque Louis D’Aumont. En lugar de cochero llevaba seis jinetes, llamados postillones. La carroza va precedida de un ángel que guía el alma del difunto. Es de Madrid pero se incorporó en 1920 en la Casa de la Caridad. Se utilizó para el entierro del torero José Gómez, Joselito.

 

Coche fúnebre número 2
Es de estilo clásico y se reservaba para servicios de lujos. Los faroles son isabelinos y está ornamentado con motivos florales (adormideras, símbolo del sueño eterno), siemprevivas y las piñas de los cipreses.


Carroza Gótica:
Es la única que es de color granate y se reservaba para Cuaresma. Es de estilo gótico, muy abundante durante el modenismo.

 

Carroza Imperial:
Es de estilo renacentista. Se construyó para entierros de gloria, como el de un emperador, por ejemplo. El cadalso (la parte que protege al féretro) está formado por cuatro columnas rematadas con capiteles con búhos, que eran considerados animales muy ligados a la muerte y que son capaces de ver en la oscuridad. El entablamiento (techo) está rematado por cuatro cráteras de fuego y una cúpula de cristal tallado que dejaba entrar luz sobre el féretro. En el cuerpo de la carroza destaca la corona de laurel con relieves dorados de hojas de acanto, adormideras y animales míticos. Se trasladó a Madrid para el entierro de Enrique Tierno Galván, el alcalde de Madrid y fue la última vez que se utilizó.







Carroza blanca:
Nunca se llegó a usar.


Coche fúnebre blanco:
Es en modelo “araña” y se utilizaba para niños, doncellas y religiosas. Se podía adornar con cintas azul celeste si el difunto era un niño y se repartían golosinas en el entierro.

 

Carroza angélica oro y plata:
Se utilizaba, también para niños.